MILO FUGLSIG SARMIENTO
ART ON THE SPECTRUM
Aventurarse adentro
It all begins with an idea.
Quiero ser una mejor mamá. Una mejor mujer. Un mejor ser humano.
Siento que estoy fallando en todas las metas.
Soy egoísta. Soy impaciente. Soy débil.
Milo se merece una mejor persona.
Alguien sin resentimientos, una mamá plácida, una mujer relajada.
Tal vez soy como soy porque he estado en esta situación durante tanto tiempo: lidiando conmigo y con un niño como él. Es autista, repetitivo y medianamente verbal. Milo es hiperactivo, y a veces interactuar con él es como tirar piedras a un río.
Hay días en los que algún pequeño detalle me da impulso y pienso que el futuro nos depara cosas mejores. Me siento esperanzada. Pero hay otros días en los que nos veo atrapados. El mundo tiene muy pocos espacios para gente como él y cuando entiendo eso, me rompo y no sé cómo organizar las fichas. No puedo ni llorar, porque llorar no cura nada. Llorar es solo un gesto como la risa, un brote, un síntoma. Además, si él me ve llorar el mundo de tranquilidad y aceptación que he creado a su alrededor se viene abajo.
Pero a veces quiero ser egoísta, gritarle que ya no puedo más y que me pesa el alma… decirle que yo era otra antes de él, física y psicológicamente. Y que así me gustara o no esa persona que fui, he dado todo por él.
Dicen que el amor lo puede todo y eso es verdad. Pero también es cierto que el amor tiene un precio y un peso, porque uno no puede querer sin quedar impregnado de lo que significa poner a otro primero. Yo siempre lo pongo al él primero. Milo necesita a una persona todo el tiempo. Necesita ser supervisado en todas sus actividades cotidianas, necesita constante dirección. En su mundo las necesidades básicas y la lógica del sobrevivir no existen. Su mente es espléndida, una nube de hielo donde la razón perdió el sombrero y el reloj. Lo admiro. Lo amo.
A veces también me digo, “hasta aquí llegué”, pero luego lo miro, sus intocables ojos de ciervo, con esa profundidad vacía incalculable, y sé que tengo que levantarme, ponerme la ropa y seguir.
Me veo en él, pero no veo a una mejor persona. Veo a alguien cansada y agotada, desesperada en su causa. Energúmena y muda, una persona con el corazón roto. Alguien que trata todos los días de ser mejor, que se cuestiona todos los días lo que la humanidad, en su infamia y caos, le puede ofrecer a una criatura como Milo.
A veces lo visualizo solo en un bosque, rodeado únicamente de naturaleza... y veo pocas probabilidades de que sobreviva, aún en un ambiente "puro". Su saber del peligro es limitado y su malicia inexistente. Es un ser sin mancha: como cuando era bebé, pero ya no es bebé. Es un niño y crece. Milo tiene 9 años y se va transformando en un adolescente. Estamos en la etapa intermitente de la transformación. Es un muchacho físicamente bello y lo digo sin rastro de razonamiento vanidoso. Realmente exuda una belleza icónica, como la de los íconos de iglesia. Su belleza es sexualmente ambigua, los que lo miran no saben si es niño o niña, o ambos. La gente no puede evitar mirarlo y esto me paraliza de la angustia. No sólo es un niño diferente e indefenso, también atrae miradas por su aspecto. Es algo que me confunde y me acongoja.
Y sin embargo, o justamente por eso, he decidido publicar un libro sobre nuestra relación. Sobre la intimidad y fragilidad de nuestras vidas. Quiero hacer de estas fotos un momento de imparcialidad dentro de la sentencia de su condición, y crear un espacio donde la belleza existe sin saberse bella.
La inocencia es el vidrio de un lente. Quiero ser mejor y ver lo mejor. No quiero quedarme sólo en el dolor y el vacío de un mundo que aún no está listo para él. Quiero expresar la injusticia a través de la belleza.
Alejandra
Julio 28 del 2017 Puglia, Italia